Apreciado lector: Bienvenido a la dura realidad. Tengo la convicción de que solo entre todos podríamos cambiarla. Comentábamos en la carta anterior que los bancos deberían actuar de otra manera. Sobre todo en la concesión de préstamos a las PYMES, profesionales y a los ciudadanos. También los políticos deberían modificar con cierta urgencia la legislación hipotecaria, que no puede seguir siendo una espada de Damocles sobre aquellas familias que tienen problemas coyunturales para pagar sus hipotecas.
Hablaremos hoy de cómo debería ser la actuación de los políticos. Se ha permitido que en todo el mundo “demócrata” sean los partidos políticos los que hagan y deshagan a su criterio, anteponiendo los intereses partidistas a los del país. No hablaremos de lo que sucede en países como Venezuela, ni lo que en muchos lugares del mundo se entiende por democracia.
En nuestro país, sobre el papel una democracia consolidada, tenemos la sensación de que los políticos han convertido la confianza de los ciudadanos en una bula que ampara sus actuaciones. Existe un enorme descontento acerca de cómo funciona la clase política. Para evitar los intereses creados, para controlar la profesionalización política, con todo lo que ello significa, se debería modificar la Constitución. Un político no debería servir al país más de ocho años. Después a su casa, a su trabajo anterior, a su vida normal, y que entrara sangre nueva. Eso sí. Sin nepotismos, sin “dinastías”, sin vinculaciones familiares con los anteriores, al menos durante un plazo prudencial, mínimo de cuatro años. Tampoco deberían poder “fichar” cuando dejan su cargo por las grandes empresas multinacionales, o por las entidades financieras que hayan tenido vinculación directa con la administración del Estado, durante un periodo que debería fijarse por ley. Da toda la impresión de que se le están retribuyendo anteriores favores. Y por supuesto, los partidos deberían estar por detrás de los intereses generales del país. No puede ser que se nutran casi siempre, de sus afiliados, como si el resto del país no contara más que cuando les hacemos falta, para votarlos. Deberían acudir siempre a los mejores para ocupar los cargos públicos. Dentro o fuera del partido. Lo natural sería que acudieran a los independientes. No pagar con dinero público intereses partidistas, ni lealtades personales. Eso siempre corrompe el poder. Y el poder es para beneficio de todos. También de los que vendrán.
Los políticos deberían dar ejemplo en todo. También en la austeridad. No puede ser que sus sueldos sean escandalosamente altos, o que sumen sus cargos para ello. O que se permitan prebendas que para los ciudadanos normales son claramente abusos de poder. O que “enchufen” a sus parientes cercanos, o a sus amigos, pues todos conocemos a políticos que actúan así. Simplemente es una vergüenza. O que políticos con un turbio pasado nos estén dando lecciones de ética y moral ¡Por favor!
Me dirás que todo lo que estoy exponiendo es una utopía. Te contestaré que depende de nosotros. De nuestra voluntad política. De nuestro sentido común, si en realidad pretendemos mejorar el país. Como te apuntaba al principio, eso es cosa de todos. Y sepan los políticos que los ciudadanos tenemos memoria.
E pluribus unum