martes, 21 de junio de 2011

Segunda entrega


              Apreciado lector: Bienvenido a la dura realidad. Tengo la convicción de que solo entre todos podríamos cambiarla. Comentábamos en la carta anterior  que los bancos deberían actuar de otra manera. Sobre todo en la concesión de préstamos a las PYMES, profesionales y a los ciudadanos. También los políticos deberían modificar con cierta urgencia la legislación hipotecaria, que no puede seguir siendo una espada de Damocles sobre aquellas familias que tienen problemas coyunturales para pagar sus  hipotecas.
Hablaremos hoy de cómo debería ser la actuación de los políticos. Se ha permitido que en todo el mundo “demócrata” sean los partidos políticos los que hagan y deshagan a su criterio, anteponiendo los intereses partidistas a los del país. No hablaremos de lo que sucede en países como Venezuela, ni lo que en muchos lugares del mundo se entiende por democracia.
En nuestro país, sobre el papel una democracia consolidada, tenemos la sensación de que los políticos han convertido la confianza de los ciudadanos en una bula que ampara sus actuaciones.  Existe un enorme descontento acerca de cómo funciona la clase política. Para evitar los intereses creados, para controlar la profesionalización política, con todo lo que ello significa, se debería modificar la Constitución. Un político no debería servir al país más de ocho años. Después a su casa, a su trabajo anterior, a su vida normal, y que entrara sangre nueva. Eso sí. Sin nepotismos, sin “dinastías”, sin vinculaciones familiares con los anteriores, al menos durante un plazo prudencial, mínimo de cuatro años. Tampoco deberían poder “fichar” cuando dejan su cargo por las grandes empresas multinacionales, o por las entidades financieras que hayan tenido vinculación directa con la administración del Estado, durante un periodo que debería fijarse por ley. Da toda la impresión de que se le están retribuyendo anteriores favores. Y por supuesto, los partidos deberían estar por detrás de los intereses generales del país. No puede ser que se nutran casi siempre, de sus afiliados, como si el resto del país no contara más que cuando les hacemos falta, para votarlos. Deberían acudir siempre a los mejores para ocupar los cargos públicos. Dentro o fuera del partido. Lo natural sería que acudieran a los independientes. No pagar con dinero público intereses partidistas, ni lealtades personales. Eso siempre corrompe el poder. Y el poder es para beneficio de todos. También de los que vendrán.
Los políticos deberían dar ejemplo en todo. También en la austeridad. No puede ser que sus sueldos sean escandalosamente altos, o que sumen sus cargos para ello. O que se permitan prebendas que para los ciudadanos normales son claramente abusos de poder. O que “enchufen” a sus parientes cercanos, o a sus amigos, pues todos conocemos a políticos que actúan así. Simplemente es una vergüenza. O que políticos con un turbio pasado nos estén dando lecciones de ética y moral ¡Por favor!
Me dirás que todo lo que estoy exponiendo es una utopía. Te contestaré que depende de nosotros. De nuestra voluntad política. De nuestro sentido común, si en realidad pretendemos mejorar el país. Como te apuntaba al principio, eso es cosa de todos. Y sepan los políticos que los ciudadanos tenemos memoria.

E pluribus unum

jueves, 16 de junio de 2011

Primera Entrega



           Apreciado lector. Bienvenido a la dura realidad. Te propongo hablar  de cómo  podríamos  cambiarla. Está claro que la salida de la crisis no depende de los políticos sino de todos los ciudadanos. Yo les propondría que cara a las elecciones generales próximas, que están más cerca de lo que pensamos, ordenemos nuestras ideas para poder votar a los que realmente representen la voluntad de la gente, de todos nosotros y en otro caso no votarlos.

            Hablaremos hoy de la posición de los bancos. “Primum vivere deinde philosophare”. Primero vivir después filosofar. El primer problema del país, de la gente, es la liquidez. Para poder vivir todos los días con dignidad, para que las pequeñas y medianas empresas puedan seguir adelante, para evitar la destrucción del tejido empresarial que sostiene al sistema.

        A pesar de las multimillonarias ayudas que recibieron de la administración, las entidades financieras no han hecho NADA por sacar a la gente de la crisis. Muy al contrario, salvo rarísimas y honrosas excepciones, que también las hay, lo que han intentado ha sido salvar sus muebles. La brutal restricción de los créditos a las PYMES y ciudadanos ha colaborado en la situación. O el sangrante caso de las hipotecas. Necesitamos con urgencia una legislación como la que existe en otros países mucho más avanzados. En el caso de no poder pagar las cuotas hipotecarias, que por cierto debería existir un seguro de impagos que garantizara que para embargar a una familia, y ocasionarle un enorme trauma, cosa que nadie parece tener en cuenta, deberían darse determinadas circunstancias que aquí no se tienen en consideración, con la devolución del bien hipotecado, que fue tasado y aceptado por el banco, debería quedar saldada la totalidad de la cuenta, por cierto, siempre que el banco devolviera además el capital que hubiera sido amortizado, y se quedara por tanto exclusivamente con el bien y los intereses, ya que en definitiva lo que está haciendo es prestar dinero. Pues no. Además del trauma, de perder su hogar, de quedarse en la calle, en muchos casos tienen que seguir pagando sus cuotas. ¿Y saben por qué? El bien subastado se lo adjudica la mayoría de las veces la mafia de los subasteros con la avenencia de toda la administración. Un piso cuyo valor es de 100.000 € se adjudica por ejemplo por 28.000 €. Lo que conduce a la ruina existencial a las víctimas de la trama. Eso lo saben muy bien los políticos, los jueces, los secretarios de los juzgados, y por supuesto la banca. El síndrome de Shylock. Pues bien. ¿Han hecho algo los políticos en tal sentido? NADA. Esa terrible situación significa un agravio comparativo a favor de los prestamistas y deja en inferioridad de condiciones a la gente normal. ¿Por qué no se quiere acometer una reforma en tal sentido? No interesa. La banca pondría el grito en el cielo. ¡La ruina del sistema! Y no es cierto. Muy al contrario esa seguridad jurídica aumentaría sustancialmente el número de operaciones hipotecarias. De hecho saben que tendrán que modificar la Ley Hipotecaria muy pronto.

          Lo que no terminan de comprender los políticos que tenemos, por cierto, los que nos merecemos, es que los ciudadanos se han hartado. El vaso de la paciencia se ha colmado. Valga también ello para los bancos, para las compañías que monopolizan los suministros primarios como la energía, para la lenta, farragosa y manipulada administración judicial, para todos aquellos que pretenden hacer negocio poniendo en riesgo la vida del pueblo. Que sepan los políticos que pretenden llenarse la boca con la palabra democracia que el pueblo al que dicen representar ya no va a pasarles ni una.