Apreciado lector: En este análisis de la realidad, hemos hablado de los problemas de financiación, de los políticos, de la burocracia, del paro. Si te parece comentaremos algunas de las causas, como la falta de seriedad de los instrumentos de pago. De la enorme cantidad de devoluciones de pagarés, del impago de las administraciones públicas, de lo que tendríamos que cambiar si queremos que el resto del mundo nos tome en serio. España es diferente. Un eslogan turístico de los ochenta que mantiene su total actualidad.
¿Somos un país serio y solvente? ¿O es que solo lo creemos? ¿Por qué nuestro índice de impagados es de los más altos de Europa occidental? No voy a incluir, con todos los respetos, a Moldavia, Bielorrusia, y otros países del Cáucaso. ¿Por qué? No puede ser que a principios del Siglo XXI estemos todavía con esta situación de falta de formalidad contractual, donde la palabra no vale nada, al menos en el mundo de los negocios. Eso no crea un clima de confianza, que es precisamente lo que más falta nos hace. Si realmente queremos salir del agujero, tendremos que aprender a comportarnos de otra manera. La ruina o el bienestar es cosa de todos. Si permitimos que entre nosotros abunden los desaprensivos que firman a sabiendas de que no van a cumplir con sus obligaciones financieras estamos listos. Y vaya ello también para los que pretender no cumplir con sus obligaciones fiscales. España, y sus carreteras, aeropuertos y demás, sí que somos TODOS. Pues bien a pesar de todo España sigue siendo un coto fiscal para muchos que van a su aire. Eso no puede ser. Y más que un problema de inspección es un problema de concienciación. De educación. De sentido ético. De todos.
¿Y las administraciones públicas? ¿Por qué se pasan impunemente de presupuesto? ¿Por qué no existe un riguroso control presupuestario cuando a un alcalde se le ocurre una alcaldada? Aunque esto valga para cualquier organismo público: Diputaciones, Consejerías, etc. Administrar bien no es fácil. Pero cuando algunos creen que el dinero público no es de nadie, están colaborando en generar falta de confianza. ¡Justo lo más sensible otra vez! Cada pueblo pretende tener TODOS los servicios. Un auditorio, un palacio de deportes, un lo que sea…, y eso naturalmente hay que pagarlo. Y comienza a girar la espiral. Las empresas contratistas, los proveedores, los profesionales, los demás, a esperar pacientemente el maná. Y eso se debe a nuestra particular y egoísta idiosincrasia. - ¡Yo también! ¡Yo también quiero uno! - En lugar de elegir el lugar más adecuado, y compartir servicios y funciones, que es lo que se hace en los países avanzados, cultos y pragmáticos. Aquí no. Y al presupuesto municipal o autonómico, o estatal que le vayan dando, que aquí mando YO. ¡Como comprenderán, algo absurdo y letal para la economía y la confianza! Por tanto la conclusión debería ser que cuando se pretende llevar a cabo una obra no presupuestada, se tendría que exponer a una comisión especial, que analizara se si se aprueba o no el gasto. Y si lo que se pretende llevar a cabo tiene sentido social. Y por supuesto modificar la ley que rige a los instrumentos financieros. El que firma, paga, y si no que se atenga a las consecuencias. Eso sí, como en Alemania, el mismo día, no cinco o seis, o siete años después, o nunca, por culpa de la insoportable lentitud de la justicia. Justicia a destiempo no es justicia. Cobrar las deudas a capricho del pagador es una burla. Así nos va.
E pluribus unum
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