martes, 5 de julio de 2011

Cuarta Entrega


Apreciado lector: La peor consecuencia de la crisis financiera que asola al mundo y especialmente a nuestro país es el paro. En España hay cerca de cinco millones de parados. El veinte por ciento de la población activa. Una enorme cantidad de personas con nombre y apellidos. Estamos hablando por tanto de cinco millones de tragedias humanas. Cinco millones de trabajadores que no encuentran trabajo. Somos el país de Europa con mayor índice de paro, y estamos al nivel de algunos países africanos. ¿Por qué? ¿Cuál es la causa? ¿Qué estamos haciendo mal en este país? ¿Cuál es la salida?

Hemos hablado anteriormente de que las entidades financieras tienen parte de responsabilidad en todo ello. De pronto faltó la confianza y se cerraron los grifos de la financiación en general lo que también afectó a las administraciones públicas. Eso significó que la mayoría de los pequeños empresarios, los profesionales, etc., no pudieron cobrar lo que se les debía, y decidieron reducir plantillas. Ahí comenzó la espiral. La economía de un país está formada por una infinidad de cadenas en la que siempre existen eslabones más débiles. Esas cadenas conforman una red que sostiene el sistema. En España la red tiene ahora demasiados agujeros por donde se escapa a chorros la confianza. Tengo la firme convicción de que es lo que falla en este país. El problema es que la confianza es de cristal. Es algo reluciente, que hace que todos nos reflejemos en ella, lo que da tranquilidad al sistema. El problema es su fragilidad,  ahora se ha roto, y no es fácil repararla, volver a los momentos anteriores. De pronto el mayor o menor patrimonio no vale lo que la gente creía. Es un proceso en espiral como el agua que se va por el sumidero. Gira cada vez más deprisa y cada vez es más difícil de detener. Ello implica que las cosas necesarias aumenten de precio en espiral. Por ejemplo la energía, los combustibles, los intereses bancarios, la cesta de la compra. 

Me dirás ¿Entonces que se puede hacer? ¿Cómo conseguir invertir el proceso? ¿Cuál es el camino? Te diré mi criterio. A nivel personal, la flexibilidad, es decir la capacidad de reciclarse, de cambiar el enfoque, de acometer otros trabajos, aceptar otros destinos, la fe en nosotros mismos, no caer jamás en el desaliento. A nivel general, las entidades financieras tendrán que abrir la mano si quieren sobrevivir. Son parte fundamental del sistema, y saben que si este se hundiera, no sobrevivirían. Eso significa que antes o después volverá la financiación, aunque lógicamente, al menos en una primera etapa, con mayor control que antes. En cuanto al Estado, al gobierno que administra el país, no tendrá otra salida que establecer mayores medidas de flexibilidad. Por ejemplo, en cuanto al trabajo juvenil, el primer empleo, tendría que estar exento de tasas de la seguridad social. Subvencionarlos mediante una bajada impositiva proporcional. Favorecer a las empresas que contraten en la adjudicación de proyectos públicos. Disminuir la burocracia, colaborar en que los emprendedores lo tengan más fácil. No puede ser que las exigencias burocráticas detengan o incluso malogren los proyectos empresariales. Eliminar trabas, simplificar la compleja y farragosa legislación que nos aprieta, evitar los agravios comparativos entre autonomías, estandarizar las legislaciones autonómicas, etc. Solo así podremos ir reparando la red de la confianza. Difícil, sí. Pero no imposible.

E pluribus unum

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