martes, 12 de julio de 2011

Quinta Entrega

Apreciado lector: En este análisis de la realidad, hemos hablado de los problemas de financiación, de los políticos,  de la burocracia, del paro. Si te parece  comentaremos algunas de las causas, como la falta de seriedad de los instrumentos de pago. De la enorme cantidad de devoluciones de pagarés, del impago de las administraciones públicas, de lo que tendríamos que cambiar si queremos que el resto del mundo nos tome en serio. España es diferente. Un eslogan turístico de los ochenta que mantiene su total actualidad.
¿Somos un país serio y solvente? ¿O es que solo lo creemos? ¿Por qué  nuestro índice de impagados es de los más altos de Europa occidental? No voy a incluir, con todos los respetos,  a  Moldavia, Bielorrusia, y otros países del Cáucaso. ¿Por qué? No puede ser que a principios del Siglo XXI estemos todavía con esta situación de falta de formalidad contractual, donde la palabra no vale nada, al menos en el mundo de los negocios. Eso no crea un clima de confianza, que es precisamente lo que más falta nos hace. Si realmente queremos salir del agujero, tendremos que aprender a comportarnos de otra manera. La ruina o el bienestar es cosa de todos. Si permitimos que entre nosotros abunden los desaprensivos que firman a sabiendas de que no van a cumplir con sus obligaciones financieras estamos listos. Y vaya ello también para los que pretender no cumplir con sus obligaciones fiscales. España, y sus carreteras, aeropuertos y demás, sí que somos TODOS. Pues bien a pesar de todo España sigue siendo un coto fiscal para muchos que van a su aire. Eso no puede ser. Y más que un problema de inspección es un problema de concienciación. De educación. De sentido ético. De todos.
¿Y las administraciones públicas? ¿Por qué se pasan impunemente de presupuesto? ¿Por qué no existe un riguroso control presupuestario cuando a un alcalde se le ocurre una alcaldada? Aunque esto valga para cualquier organismo público: Diputaciones, Consejerías, etc. Administrar bien no es fácil. Pero cuando algunos creen que el dinero público no es de nadie, están colaborando en generar falta de confianza. ¡Justo lo más sensible otra vez!  Cada pueblo pretende tener TODOS los servicios. Un auditorio, un palacio de deportes, un lo que sea…, y eso naturalmente hay que pagarlo. Y comienza a girar la espiral. Las empresas contratistas, los proveedores, los profesionales, los demás, a esperar pacientemente el maná.  Y eso se debe a nuestra particular y egoísta idiosincrasia. - ¡Yo también! ¡Yo también quiero uno! - En lugar de elegir el lugar más adecuado, y compartir servicios y funciones, que es lo que se hace en los países avanzados, cultos y pragmáticos. Aquí no. Y al presupuesto municipal o autonómico, o estatal que le vayan dando, que aquí mando YO. ¡Como comprenderán, algo absurdo y letal para la economía y la confianza!  Por tanto la conclusión debería ser que cuando se pretende llevar a cabo una obra no presupuestada, se tendría que exponer a una comisión especial, que analizara se si se aprueba o no el gasto. Y si lo que se pretende llevar a cabo tiene sentido social. Y por supuesto modificar la ley que rige a los instrumentos financieros. El que firma, paga, y si no que se atenga a las consecuencias. Eso sí, como en Alemania, el mismo día, no cinco o seis, o siete años después, o nunca, por culpa de la insoportable lentitud de la justicia. Justicia a destiempo no es justicia. Cobrar las deudas a capricho del pagador es una burla. Así nos va.
E pluribus unum

martes, 5 de julio de 2011

Cuarta Entrega


Apreciado lector: La peor consecuencia de la crisis financiera que asola al mundo y especialmente a nuestro país es el paro. En España hay cerca de cinco millones de parados. El veinte por ciento de la población activa. Una enorme cantidad de personas con nombre y apellidos. Estamos hablando por tanto de cinco millones de tragedias humanas. Cinco millones de trabajadores que no encuentran trabajo. Somos el país de Europa con mayor índice de paro, y estamos al nivel de algunos países africanos. ¿Por qué? ¿Cuál es la causa? ¿Qué estamos haciendo mal en este país? ¿Cuál es la salida?

Hemos hablado anteriormente de que las entidades financieras tienen parte de responsabilidad en todo ello. De pronto faltó la confianza y se cerraron los grifos de la financiación en general lo que también afectó a las administraciones públicas. Eso significó que la mayoría de los pequeños empresarios, los profesionales, etc., no pudieron cobrar lo que se les debía, y decidieron reducir plantillas. Ahí comenzó la espiral. La economía de un país está formada por una infinidad de cadenas en la que siempre existen eslabones más débiles. Esas cadenas conforman una red que sostiene el sistema. En España la red tiene ahora demasiados agujeros por donde se escapa a chorros la confianza. Tengo la firme convicción de que es lo que falla en este país. El problema es que la confianza es de cristal. Es algo reluciente, que hace que todos nos reflejemos en ella, lo que da tranquilidad al sistema. El problema es su fragilidad,  ahora se ha roto, y no es fácil repararla, volver a los momentos anteriores. De pronto el mayor o menor patrimonio no vale lo que la gente creía. Es un proceso en espiral como el agua que se va por el sumidero. Gira cada vez más deprisa y cada vez es más difícil de detener. Ello implica que las cosas necesarias aumenten de precio en espiral. Por ejemplo la energía, los combustibles, los intereses bancarios, la cesta de la compra. 

Me dirás ¿Entonces que se puede hacer? ¿Cómo conseguir invertir el proceso? ¿Cuál es el camino? Te diré mi criterio. A nivel personal, la flexibilidad, es decir la capacidad de reciclarse, de cambiar el enfoque, de acometer otros trabajos, aceptar otros destinos, la fe en nosotros mismos, no caer jamás en el desaliento. A nivel general, las entidades financieras tendrán que abrir la mano si quieren sobrevivir. Son parte fundamental del sistema, y saben que si este se hundiera, no sobrevivirían. Eso significa que antes o después volverá la financiación, aunque lógicamente, al menos en una primera etapa, con mayor control que antes. En cuanto al Estado, al gobierno que administra el país, no tendrá otra salida que establecer mayores medidas de flexibilidad. Por ejemplo, en cuanto al trabajo juvenil, el primer empleo, tendría que estar exento de tasas de la seguridad social. Subvencionarlos mediante una bajada impositiva proporcional. Favorecer a las empresas que contraten en la adjudicación de proyectos públicos. Disminuir la burocracia, colaborar en que los emprendedores lo tengan más fácil. No puede ser que las exigencias burocráticas detengan o incluso malogren los proyectos empresariales. Eliminar trabas, simplificar la compleja y farragosa legislación que nos aprieta, evitar los agravios comparativos entre autonomías, estandarizar las legislaciones autonómicas, etc. Solo así podremos ir reparando la red de la confianza. Difícil, sí. Pero no imposible.

E pluribus unum

lunes, 4 de julio de 2011

Tercera Entrega

Apreciado lector. Hemos hablado en las cartas anteriores de las entidades financieras y de los políticos. En su momento volveremos sobre ello.  Ahora debemos proseguir en la búsqueda y el análisis del mal que aqueja al país. De entrada el paciente presenta un cuadro preocupante. Entre otras afecciones da la impresión de que apenas puede moverse. ¿Que estaremos haciendo mal? ¿Estaremos excesivamente regulados? Es cierto que el Estado somos todos, y para regularlo, perfeccionarlo y administrarlo es precisa la burocracia. ¿Pero tanta? ¿Tan repetitiva? ¿Tan profusa, confusa y difusa?  ¿Tan contradictoria? Incluso me atrevería a calificarla en ocasiones de absurda. Te invito a reflexionar sobre ello.


Es cierto que el propio Max Weber, que estudió en profundidad todo ello, asumió que no puede existir un tipo de organización ideal. Que la burocracia real será siempre peor, y menos efectiva que su modelo ideal. Que la autoridad puede no ser lo suficientemente explícita, generando confusión y conflictos de competencia. Que en ocasiones el procedimiento en sí mismo puede llegar a considerarse más importante que la propia decisión. Que la corrupción, los enfrentamientos políticos, el nepotismo, pueden transformar la burocracia en el verdadero enemigo del progreso. Que los funcionarios pueden creer que su criterio personal  predomina sobre el fin, lo que en muchas ocasiones les hace eludir responsabilidades. Que la duplicación de funciones, la rigidez de los procesos, o la toma de decisiones de difícil o imposible aplicación, conducen casi siempre al colapso del sistema. Que las competencias pueden ser poco claras y suelen usarse contrariamente al espíritu de las reglas. Que el afán de controlarlo todo genera más y más reglas y procesos, aumentando exponencialmente la complejidad y disminuyendo su coordinación. Que la excesiva regulación suele implicar la  creación de reglas contradictorias.
 

En ocasiones entre los burócratas existe la certeza de que el sistema en el que actúan es perfecto por definición, lo que suele impedir la autocrítica, el cambio, y la optimización. Casi nunca – lógicamente existen honrosas excepciones - aceptan la crítica  y no suelen admitir las opiniones disidentes.  El resultado, de acuerdo a Weber, es que la racionalización creciente de la vida humana atrapa a los individuos – a todos los ciudadanos - en una jaula de hierro de control racional, que les impide ejercer su mayor bien. La libertad.
Tendremos que añadir que la excesiva burocratización de un país termina irremediablemente por detenerlo. Los emprendedores no se atreven a moverse. Los empresarios se conforman antes que caer en las inflexibles garras de una administración incompetente. Los mejores huyen a lugares más civilizados, donde son bien acogidos  y apreciados. Se genera un clima depresivo y destructor de las nuevas posibilidades, porque la excesiva burocracia no significa progreso sino atraso.


En ello la filosofía de la Reforma, más pragmática y lógica que la nuestra, condujo a sistemas más eficientes y menos corruptos. Por eso en Inglaterra, en Alemania, en Escandinavia, en los Estados Unidos, resulta mucho más sencillo emprender. ¿Será por eso que existe menos paro? ¿Será por eso que progresan más eficientemente? ¿Será por eso que su renta es muy superior a la nuestra?  La situación en la que este  país está viviendo los últimos años hace a la mayoría de sus ciudadanos desgraciados. Eso no puede seguir así. Algo tendrá que cambiar y pronto. Verás. Se deberían cambiar muchas cosas. Te propongo que en la futura Constitución, - tendrá que ser modificada pronto - uno de los principales artículos sea el siguiente: “Todos los ciudadanos tienen derecho a la felicidad” .


   E pluribus unum